Hacer responsable a cada uno de los hijos de una maceta (regarla, limpiarle las hojas, preocuparse porque reciba la luz necesaria…) será una forma práctica de iniciarles en hábitos como el orden, la responsabilidad y la constancia, al tiempo que aprenden a amar y a cuidar la Naturaleza. Si cada uno tiene su maceta o planta, de la que ha de ocuparse, pronto se dará cuenta de que no puede olvidarla si quiere que prospere. Verá que tiene que ser serio y proporcionarle los cuidados que ésta requiere cuando los necesita, no sólo cuando él se acuerda o tiene ganas.
El dueño de cada maceta no sólo será responsable de cuidarla, sino también de ponerle un nombre, pintado en el tiesto o escrito en una etiqueta adherida al tallo.
Aunque cada especie tiene sus particularidades, todas necesitan una serie de atenciones y cuidados muy básicos, que no podemos olvidar.
– La tierra. Podemos emplear compost, una tierra ligera fácil de encontrar en las tiendas, a la que se han añadido alimentos vegetales. Diremos si lo queremos para trasplantar o para sembrar.
– Gravilla. No debe faltar al fondo de las macetas, para facilitar el drenaje de la planta. Las macetas deben tener también algún agujero en la base.
– Agua. Es muy importante que no les falte y también que no les sobre. Al comprar la planta o semillas, nos dirán sus necesidades concretas. Si no, sabremos que le falta agua al ver que la tierra está seca y, si la notamos húmeda, nos abstendremos de regarla más.
– La luz. Es fundamental para las plantas, pues les da energía para alimentarse y convertir el anhídrido carbónico en almidón y azúcar. Podemos ayudar a las nuestras girando los tiestos cada varios días, para lograr un desarrollo equilibrado.
– Abonos. Son especialmente útiles para las plantas de interior, pero su abuso puede causar la muerte de la planta y quemar las raíces. Siempre lo aplicaremos cuando la tierra está húmeda, antes de que la planta florezca, o cuando las hojas se vuelven amarillas.
